Werner Hamacher. Lingua amissa. Sobre el mesianismo del lenguaje de la mercancía. Traducción: Marcelo G. Burello. Buenos Aires: Miño y Dávila, 2013. [Reproducido aquí sin autorización.]
“El lienzo habla”.
Es Marx quien dice que el lienzo habla. Al decirlo, él habla el lenguaje del lienzo, y lo habla “desde el alma”, tal como afirma que lo hacen los economistas burgueses que critica. Pero en el lenguaje de Marx, ese lenguaje del lienzo a la vez se traduce al lenguaje analítico —e irónico— de la crítica a esa misma economía política que define las categorías del lenguaje del lienzo. Es así que Marx habla, hemos de suponer, dos lenguajes: aquel en el que el lienzo se expresa, se teje y se entrelaza con telas similares; y aquel otro lenguaje que habla sobre el lienzo y más allá de él, distiende su textura, analiza su relación con otros tejidos igualmente distendidos, y lo ovilla en otro tejido categorial. ¿Pero realmente se trata de dos lenguajes, de dos estructuras lingüísticas distintas, o apenas de la duplicación de una sola? La crítica de la economía política, ¿habla otro lenguaje, uno nuevo, o sólo uno de los dialectos del lenguaje del lienzo? ¿Acaso la duplicación de un lenguaje no corresponde a la estructura de ese lenguaje? ¿La crítica de la economía política no está bajo el hechizo de esa misma economía? Si Marx ha de hablar realmente un segundo lenguaje, uno distinto, entonces este lenguaje nuevo, marxiano o marxista, al menos tiene que cumplir una condición que el lenguaje del lienzo no puede cumplir: en él por lo menos debería revelarse una categoría, una única categoría, que en esa economía política no tiene lugar, y que aunque puede sugerirse y hasta dar testimonio en ella, no puede pertenecer al repertorio, al macho y hembra de su lenguaje mismo. Esta otra allocategoría podría —y hasta debería— poseer una forma absolutamente extraña, inconmensurable respecto de las categorías de la economía política, y acaso ni siquiera sería una forma. Una que no sería el lenguaje “de” el lienzo sino, por ejemplo, un “lenguaje” en el que por primera vez puedan darse un lienzo y “su” lenguaje. Tal vez no algo elocuente, tal vez algo que ni hable o que no simplemente hable, y que, aun sin hablar, así y todo promete un lenguaje anticipándose a sí mismo.